Cargados de puro amor, vocación de servicio, identidad con su deber y deseos de que todos sus pacientes sean sanados, son algunas de las cualidades por las que resalta el personal que integra las brigadas de salud formadas por Cuba, resultado de una de las tantas ideas geniales puestas en marcha por el Comandante en Jefe y líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz.

La brigada Henry Reeve se basa en la experiencia internacionalista cubana, compuesta por científicos de la salud, expertos médicos de diversas especialidades, enfermeros (as), psicólogos clínicos, terapeutas, entre otros, con una intensa formación académica y experticia en los campos, montañas y aldeas más remotas del planeta Tierra, cuyos resultados son tangibles en la recuperación de sus pacientes y en la capacidad de sacrificio de estos abnegados humanistas, haciendo acopio del poema hecho canción por el maestro Silvio Rodríguez: ‘‘Sólo el amor alumbra lo que perdura, sólo el amor convierte en milagro el barro, debes amar el tiempo de los intentos, debes amar la hora que nunca brilla, sólo el amor engendra la maravilla, sólo el amor consigue encender lo muerto’’.

La mortalidad infantil en Estados Unidos es mayor que en Cuba. Pese al agresivo bloqueo que le impone la primera potencia del mundo a la nación antillana, en Cuba son vacunados los niños con más cuidado y esmero que en Estados Unidos, casi todos los habitantes acuden a las pruebas tempranas de detección de cáncer para adultos. En la mayor de las Antillas se invierte el 11% de su producto interno bruto (PIB) en salud pública, es considerado un pionero en América Latina y en muchos países africanos. Los cubanos parecen haberse acostumbrado a esta paradoja: “vivimos como pobres, pero morimos como ricos”, es un dicho local; con una notoria longevidad de vida, al extremo que existe un club de centenarios compuesto por miles de felices tatarabuelos.

Cuba siempre está donde se le necesita, en los 60 años de Revolución, sus prestigiosos médicos aprendieron no solo a combatir y vencer los retos epidemiológicos y de otro tipo, naturales o inducidos, sino también a brindar ayuda desinteresada a otros pueblos frente a pandemias y desastres de todo tipo. Como prueba suprema de la medida de su vitalidad y altruismo, bajo las prédicas y enseñanzas de su líder histórico, Cuba forjó miles de nuevos médicos para países latinoamericanos, africanos y asiáticos; devolvió o mejoró la visión a cientos de miles de latinoamericanos y caribeños; llevó su ayuda solidaria a Centroamérica, destruida por el huracán Mitch, y a Pakistán y Haití, devastados por terribles terremotos.

Al momento de expandirse la temida pandemia de coronavirus o covid-19 por China, en un mundo lleno de egoísmos y de consignas políticas que denotan chovinismo y ausencia total de principios, enseguida los cubanos estaban dispuestos para ayudar, pasando de las palabras a los hechos, mediante el envío de un contingente del personal de salud y un cargamento del medicamento Interferón Alfa-2-b Recombinante, un desarrollo de la biotecnología cubana, que está demostrando su eficacia, pues bloquea-interfiere- la proliferación del virus al interior de las células.

Italia pese a ser una potencia mundial en términos económicos, se vio precisada a solicitar ayuda a Cuba, como siempre su personal dispuesto allí acudió; mas luego España y Andorra. Y posteriormente han sido decenas de naciones del Caribe, como Surinan, Nicaragua, Haití, Venezuela, San Kitts y Nevis, San Vicente y las Granadinas, Belice, Antigua y Barbuda, Santa Lucia, Granada, Dominica y Jamaica.

Cuba siempre está allí donde se le necesita, incluso cuando se trata de enfrentar graves peligros, como en el 2014, cuando envió personal especializado a combatir la mortal epidemia del ébola en tres naciones del África Noroccidental. Este es el carácter de un pueblo forjado por José Martí y Fidel Castro, dotado de una innata vocación de servir. Un pueblo que irradia amistad y solidaridad por todo el mundo, valores supremos aprendidos de la prédica martiana de que ‘‘patria es humanidad’’.

A la hora de plasmar estas ideas, resalta la inquietud hecha sugerencia para que nuestras autoridades dominicanas contemplen la posibilidad de solicitar ayuda a las autoridades de Cuba, tanto en personal experimentado para asignarlo en los centros urbanos de mayor incidencia del covid-19, así como en la adquisición del medicamento Interferón Alfa-2-b Recombinante.

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