El autor es artista plástico dominicano residente en West Palm Beach.
massmaximo@hotmail.com

West Palm Beach, Florida.- A principios del siglo XX en una noche infinita esperaba un oficial mexicano la ejecución de su condena a muerte. Se llevaría a cabo en las primeras horas de la mañana.

Cuenta la historia que fue a visitarle un amigo, militar como él, quien al encontrarlo afligido por no poder dar un último beso a su madre, le permitió salir a despedirse de ella y que fuera solo.

Le dijo, yo ocuparé tu lugar ante el pelotón de fusilamiento si no regresas a la hora convenida.

A la mañana siguiente, allí estuvo de regreso el condenado, presto a su cita. Otro oficial de mayor rango se enteró de lo acontecido y ordenó condonar la pena ante el gesto de honor demostrado.

Lamento no recordar los nombres de los protagonistas de esta historia real. La traigo a colación porque creo que hemos perdido la noción de honor de antaño, cuando la palabra empeñada era sagrada e inviolable.

Hoy en día vemos con qué desfachatez e ironía los políticos dominicanos (pasa en todas partes) faltan a su palabra. Sin el más mínimo pudor se burlan de sus desatinos en la cara de todos.

Ellos roban hasta enriquecerse cual sultanes de oriente. Así acumulan fortunas dignas de ser mencionadas en la revista Forbes. La juventud dominicana considera esta conducta como ejemplo nefasto que debe ser emulado. El problema es que la falta de sanciones va mermando el sentido moral en el ánimo de todos, al punto que, la melodía corrupta entra a nuestras casas por puertas y ventanas.

Un país que se hace inmune al honor, a lo correcto, a la ética o a la moral, nunca termina bien.

Si esto continúa de este modo, las personas de concepto terminarán emigrando tal y como sucedió entre el 1821 y el 1844. Otros terminarán sacrificándose de la forma en que sucedió entre el 1930 y el 1961, así como aconteció luego desde el 1966 hasta el 1978, años que fueron de dictadura unos y de régimen represivo otros.

¿Se terminará olvidando la estirpe de hombres dignos y las causas por las que ellos ofrendaron sus vidas?

Tenemos en nuestra historia hermosos relatos similares al que inicia estas líneas. Y sé que son tantas las buenas como las malas acciones, pero lo que nos toca reflexionar aquí es, ¿seremos capaces algún día de reconocer que estaríamos mejor si todos actuáramos con honor?
Hemos perdido mucho tiempo y gran cantidad de vida generosa por haber perdido el honor no solo nosotros mismos, sino que hemos permitido a “otros” que vengan desde afuera a incitarnos a sus vicios.

Las elecciones dominicanas serán celebradas dentro de pocos días. Los candidatos cimeros provienen de partidos que han gobernado alimentando el desfalco y el desorden.

Estos candidatos pertenecen a los partidos que han promovido el deshonor y la falta de integridad en el pasado; sin embargo, en las pasadas elecciones del 2016 recibieron más de cuatro millones de votos de los casi 5 millones emitidos…

Escucho constantemente a personas quejándose del abuso, pero cuando les pregunto si votaron…no lo hicieron. Para las próximas elecciones vuelvo a preguntar ¿vas a votar? La respuesta es la misma, “yo no pierdo mi tiempo en esa M”.

Más de dos millones de dominicanos dejaron de emitir su voto en las pasadas elecciones y, ellos continúan con el atrevimiento de quejarse.

Cierto es que cualquiera se abstendría de participar en elecciones ante las opciones que presentan esos partidos conocidos por sus “deshonorabilidad”. Pero la falta de interés y la desinformación no es excusa para ignorar que existen otras opciones y a las que hay que dar la oportunidad de demostrar su integridad.

Desconozco las razones por las que iban a fusilar al oficial mexicano, pero tengo la certeza de que el “daño” fue mucho menor que el que le han hecho muchos políticos dominicanos a su patria.

Además, estos políticos prevaricadores no serían capaces de dar ni siquiera la cara por un colega. ¡Al contrario! Ya están abandonando la nave cuando la sienten próxima a naufragar. ¡Cuánta sabandija y falta de honor!

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