Si, sé que hemos vivido días difíciles, en los que la ansiedad se apodera de nuestro ser, haciéndonos vulnerables a cualquier situación que debamos enfrentar. El miedo parece ganar la batalla y por más que intentamos evadirlo, él se hace más fuerte.

Es precisamente en ese instante que debemos sacar nuestras fuerzas para pelear de tú a tú y dar gracias. Agradecer a Dios por todo lo que nos permite vivir, independientemente del lado en que estemos.

El mundo tiene de frente un atacante que no da tregua. El enemigo nos ha jugado mal y nos acorrala. Nos ha hecho vivir el dolor en una de sus mayores manifestaciones, ese que no tienes como calmar. Tanto ha sido su terror que nos ha llevado a aislarnos, quedarnos en nuestro hogar, cerrar nuestras puertas para no permitirle entrar.

Pero, en medio de todo, ¿Qué hemos aprendido?, ¿Cuál es el mensaje que trae?, ¿Nos habla de lo que somos como seres humanos colocándonos de frente a un espejo para que interioricemos?… Quizás un poco loco de mi parte, pero ¿te has realizado estas preguntas alguna vez?

Mis queridos lectores, ustedes que me siguen, conocen de mi sentido positivo de la vida. Ese ideal de ver la luz, de ir más allá. De creer que hay un propósito en todo y que la divinidad nos habla aún al callar. Por eso he tomado estos días para reflexionar, entender qué nos quiere decir Dios y cuál es la misión.

He llegado a la conclusión de que somos seres que estábamos viviendo en nuestra burbuja individual sin pensar en los demás, incluyo a las personas que más cerca tenemos. Nos acostumbramos a un ritmo de vida que nos llevaba acelerados, que nos puso barreras, que nos creó problemas y que si no era esto, algo más grande nos iba a detener para decirnos: hey, para, que te pasa?…

Ahora que por “obligación” debemos quedarnos en casa, me he dado cuenta que realmente vivíamos aislados, ahora estamos juntos. Para entenderlo solo basta que tú mismo te respondas ¿Cuánto tiempo dedicabas a estar en casa?, ¿Cuánto tiempo le dedicabas a tus hijos, tus padres, hermanos o a ti mismo?, ¿Cuántas llamadas hacías a esas personas que quieres para decírselo?

Vivíamos quejándonos de no tener tiempo, que se iba muy rápido, sin embargo ahora vemos que sigue siendo el mismo reloj y nos sobra, al contrario no encontramos que hacer con él.

¿Cuántas veces nos sentíamos agobiados y aburridos por ir al trabajo?, ahora lo anhelamos. No valoramos el dinero hasta que ahora lo necesitamos para mantenernos en casa. Hay quienes por el contrario se apegaron tanto a el que se olvidaron de compartir para no gastar y ahora ya están haciendo planes para que desde que se levante la cuarentena juntarse con los amigos.

Si continúo, no me alcanzaría el periódico entero… Ahora bien, ¿Qué hemos aprendido realmente? Que hay un Dios que siempre ha estado a nuestro lado y lo hemos menospreciado, olvidado.

Que tenemos una familia maravillosa y es la única que va estar a mi lado en todo momento. Que soy privilegiado porque tengo un trabajo y me sostengo con lo que devengo. Que disfruto tener amistades sinceras con las que rio, lloro y me divierto.

Que tengo un planeta repleto de regalos y lo estoy matando. La naturaleza hoy respira y nos demuestra lo grandiosa que es… nos sacó de su entorno para renacer y enseñarnos que no son las campañas que la salvan, es la conciencia humana, que somos nosotros los que la destruimos y después imploramos que nos dé más.

En fin, que esto nos sirva de reflexión. Dios nos ha puesto una situación para hacer una introspección y reencontrarnos a nosotros mismos. No critiquemos, no estemos politizando el asunto y sacando provecho para llamar la atención… demos gracias.

Gracias al altísimo por dejarnos ver lo imperfectos que somos. Gracias por mostrarnos la importancia de las personas, que la unidad es la fuerza y que mantenernos juntos es la única forma que tenemos para vencer.

Gracias por el personal médico, por los militares, nuestras autoridades gubernamentales, industrias alimenticias y farmacéuticas y todas las personas que laboran en empresas que suplen alimentos, medicamentos, combustible, electricidad, agua y demás porque ellos son los héroes.

Les invito a orar y dar gracias por ellos. Así como también por ustedes y sus familias. Yo lo hago todos los días y de verdad les digo mantengan su esperanza puesta en el Señor, pronto saldremos de esto y seguiremos trabajando juntos por un próspero mejor porvenir… Ya falta poco, lo mejor está mejor está por llegar… Yo le creo a Dios, y tú? Dios les bendiga grandemente.

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