En medio de la incertidumbre discurre la vida en nuestra ciudad y el mundo con inusitado afán por descubrir si el Covid 19 fue un fenómeno de creación espontáneo, o si por el contrario, responde a  estrategias económicas, políticas y  poder de las grandes potencias del mundo, en el caso particular de la Vega, todos quedamos anonadados por los efectos inesperados del llamado coronavirus, el cual inició con evidencias que se presentaron en la ciudad de  Whan en China en la postrimería del 2019. Toda una concatenación de hechos relevantes han acompañado a este fenómeno en el litoral de nuestro país, como si se tratara de un juego de niños con características mágicas, en la que cada escena anterior, es sustituida por la siguiente con relativa facilidad.

En tiempo normal quien podría imaginar que en nuestro territorio sucedieran hechos con las siguientes características: ¿Quién recuerda de manera enfática que recientemente se suspendieron unas elecciones nacionales? ¿Quién logra distinguir con certeza, si fueron realidades o ficciones las inesperadas protestas que unos jóvenes, escenificaron en la emblemática Plaza de la Bandera­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­? ¿Alguien recuerda con algún grado de claridad que aquí se formó una comisión investigadora, de la OEA, para determinar causas y culpables de la suspensión de las elecciones nacionales municipales del 15 de febrero pasado? ¿Tiene el pueblo dominicano bien presente los resultados de las elecciones municipales que acaban de realizarse el 16 de marzo 2020?

En fin, existe una cadena interminable de interrogantes que podría extenderse hasta dimensiones infinitas, no obstante, la vida continua, y ahora nos encontramos todos arropados por los efectos del coronavirus en un mundo inimaginable, en el cual las cosas cambiaron y los referentes también. En esa dinámica se mueve nuestra sociedad, momento aciago en el cual lo desconocido es el denominador común.

En un ejercicio introspectivo para resistir el encierro que imponen las circunstancias, he recurrido nuevamente a la lectura del Diario de Ana Frank, rememorando aquel encierro misterioso e insoportable en el cual la protagonista a escondida de los nazis, en el marco de la segunda guerra mundial, narra con frialdad, hechos que nos hacen reflexionar profundamente sobre este encierro inesperado. Igual he reflexionado sobre los 33 mineros chilenos que quedaron atrapados en una mina de San José,  el 05 de agosto del 2010, y no fue sino, al cabo de unos 69 días, cuando los rescataron a todos vivos en una lucha que marcó a toda la sociedad. Oh mi Dios, que horrible se torna todo cuando se pierde la libertad… Ahora se nos pide un encierro momentáneo, aunque traumático; y muchos se resisten alegando una libertad de tránsito y libertad a comer y subsistir; profunda dicotomía entre ser y parecer, entre libertad y supervivencia que muchos no logran entender. Desde esta colaboración que se traduce en desahogo por la situación que afecta a toda la sociedad recurro al Poder Divino que dirige al cosmos y finalizo con un mensaje de esperanza. Estoy seguro que vamos a superar las dificultades del momento; y que al pasar toda la crisis, en algunas facetas de la vida el mundo será diferente y será mejor. Por eso les pido a todos ¨Quedarse en Casa¨ y resistir, pues muy pronto volveremos a la cotidianidad, confraternidad y a la convivencia social y humana. ¡Qué así sea!

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