Por Luis Federico Santana J.

Los hechos que se producen en República Dominicana constituyen una especie de espejo, en el cual podemos ver reflejado el rostro social del país.

Una lectura detallada de estos hechos, por simples y sencillos que sean, permite una comprensión de lo que somos y hacemos como sociedad dominicana. Se trata de síntomas que esconden una realidad más profunda y compleja.

En ese contexto refiero un hecho simple, casi imperceptible, ocurrido en la mañana del sábado 1 de agosto de este año en el kilómetro 25 de la autopista Duarte, específicamente en el peaje ubicado en Pedro Brand.

Dos choferes de camiones chocaron los vehículos que conducían al momento de intentar penetrar, al mismo tiempo, a un carril del peaje. Ninguno cedió el paso, pese al letrero que invita a eso: “CEDA EL PASO”

Los nombres de esos choferes no importan para el propósito de este escrito. Sí importa el que ambos vehículos pertenecieran a empresas privadas para las cuales trabajaban.

Esa es precisamente la primera reflexión. Las empresas privadas generalmente se limitan a contratar buenos choferes en lo relativo al dominio la técnica del manejo de vehículos, pero no dan importancia al perfil humano.

Es sabido que estos vehículos tienen buenos seguros y los choferes lo saben. Saben que, si chocan y provocan muertes, el seguro se encarga de sacarlos de la cárcel a las 24 horas y luego reparan los daños del vehículo.

Para comprobar esta verdad basta observar a los choferes de vehículos de empresas privadas manejando en las calles. Estoy seguro que este hecho no ocurre, si los vehículos hubieran sido propiedad de los choferes.

Ese incidente, porque no es un accidente, deja ver la lógica conductual de un significativo segmento de la población dominicana que actúan al margen de la ley, a veces con la complicidad, explícita o implícita, de las autoridades.

Esta mentalidad de forcejeo y garata con puños se han instituido filosofía de vida para muchos. Peor aún, poco a poco se va generalizando. Cada día se va convirtiendo en el modo natural de actuar de estos dominicanos.

Curiosamente la dirigencia política, social, empresarial y hasta religiosa, firma, sella y certifica esta conducta que nos retrotrae a la época de las cavernas. El meta – mensaje que se envía desde las autoridades parece ser: “hay que aprovechar cualquier circunstancia que se presente, para sacar ventaja”

Este perfil humano tiende a buscar y aprovechar todas las oportunidades que se presenten para sacar ventajas personales. Incluso para arrebatar los derechos de los otros, no importa que queden con las manos vacías.

En las calles y en los diversos escenarios de la vida social, suele observarse a personas que intentan vender la idea de que ellos son los matatanes, que son superiores y más hábiles que todos los demás. Para lograr eso avasallan, forcejean y arrebatan.

Y lo peor, luego de humillar y despojar al otro de sus derechos, se ríen y se burlan. Basta observar, en cualquier lugar del país, el comportamiento en el tránsito público.

La falta de respeto, cortesía y buenos modales… El no ceder, no tolerar, humillar, forcejear, arrebatar y sacar ventajas; poco a poco se ha convertido en principio de vida para un amplio segmento poblacional.

Por suerte, esta conducta no es generalizada. Es necesario cortarla a tiempo, para evitar que se transforme en norma natural de vida.

Los propósitos para lograr una mejor sociedad no tienen que ver con adquirir más dinero, poder, prestigio, fama, títulos y reconocimiento.

En la gran e inmensa pantalla del horizonte futuro de cada dominicano debería estar escrito, en letras mayúsculas, “Ser mejores personas”, “Mejores seres humanos”.

El propósito a corto, mediano y largo plazo debe ser el procurar la calidad humana, inteligencia emocional  y la sana convivencia. Esas son las actitudes que deben guiar nuestros pasos en la tarea de ser mejores dominicanos.

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